Uno de los viajes que más recuerdo es el que hice a Grecia: un crucero por las islas griegas, en pleno Mediterráneo.
Al principio no tenía muchas ganas de ir, porque me daba bastante miedo el barco. No tanto por la idea de que se hundiera (aunque también me rondaba por la cabeza), sino por algo más “real”: el movimiento. Pensaba que, si había mucho oleaje, acabaría mareado, con mal cuerpo y sin disfrutar nada.
Pero llegó el día, me puse en camino y, en cuanto subí a bordo, me sorprendió lo estable que se notaba todo. Apenas percibí movimiento. Y así empezó el viaje.
La verdad: me quedé impresionado. Fue una experiencia preciosa y, hoy en día, es uno de esos viajes que repetiría sin pensarlo.
Durante el crucero hice un montón de fotos. En esta historia voy a compartir solo una, que es de mis favoritas… pero más adelante iré subiendo algunas más de las que hice allí.
Se trata de Cisterna Basílica (en turco, Yerebatan Sarnıcı, que significa «Palacio Sumergido»), ubicada en Estambul, Turquía.
Un rato por Turquía
02/01/2026 07:29